Gili Trawangan- Bohemian Paradise. Guest Post By Martin Arredondo

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One of the hardest questions to answer after a trip is: What was your favorite place? I’m saying it is hard because every place has its charm and brings me a different experience, I like every place in a different way.

That was exactly what I felt when Carolina asked me to write a post for her blog. I had lived so many moments and experience in south eastern Asia that all I could think of was which one would I pick to tell you about.

I had to come back to Medellín and watch photos of my trip in order to decide. After a lot of meditation I chose a very unknown place, or al least it was to me. A place that I visited just a couple of days before returning home, an island called Gili Trawangan.

Gili Trawangan is one on the three islands (the others are Gili Air and Gili Meno) situated at the north coast of the island of Lombok, an hour and a half in a speed boat form the bay of Padang Bai in Bali. Gili Trawangan es the largest one, of course  large isn’t the word I would use to describe this paradise, since it isn’t more than three km wide and, 2 km long.

I ended up in this little Indonesian island, without having planned it, because I was traveling with some brazilian friends that recommended us to spend a night there. Without any high expectations and maybe guided by the traveler feeling that has taught me that the days that aren’t planned give you the best stories to tell, I decided to travel to paradise.

I say it is paradise because form the moment I stepped out of the boat I could see one of the most beautiful beaches I have ever seen in my life, the turquoise water, the white sand beaches that invite you to sit  whole day and enjoy the sun and drink a couple of beers. Besides, when you touch the sand you feel a different ambiance, more relaxed, you could even say bohemian, since the island doesn’t have any motor vehicle. You can only see bicycles and carriages pulled by donkeys that will take your luggage anywhere in the island for only 5 dollars. In there, it doesn’t matter what you’re wearing, you can walk around with no shoes and no shirt the whole day, since most of the people there are backpackers from all over the world that don’t notice that kind of things.

This island has become famous for two reasons.

The first one is it’s nightlife, on which I could experiment one of the most bizarre parties ever. The night I was in the island was when the ramadan began, the islamic month of fasting. That’s why tourists are asked not to make noise and to reduce the consumption of alcohol. Since it was my only night there I decided to walk around the main street, filled with bars and restaurants, and we found a silent party. Yes, as crazy as it sounds, the irish pub we went to gave us headphones, they played the same music to everyone inside.

At the beginningno one was dancing, but after a couple of drinks, the party began. It was quite funny to take of you headphones and see people sing and dance to the rhythm of silence.

The second reason why this island is known is what perhaps taught me the most important lesson of my trip. The Gili islands are famous because a lot of the visitors stay for an indefinite period of time, leaving behind their western lifes and concerns. I witnessed this in a restaurant I went to, where the manager was clearly not a native of the island (her skin was very white and she had a light color of eyes). I decided to ask her where she was from and why she ended up in Gili Trawangan. She told me she was from Switzerland and that she had arrived about six year and a half ago just as another tourist, that the island took her breath away and made her forget about everything she had back in Europe, so she decided to stay, living, what she says are the best years of her life.

This experience made me ask myself a lot of questions, and gave me a great lesson. DO we need a car to be happy? or only a bicycle to go around and see the sunset? Do we need a flat screen t.v, a tablet and a smartphone? or on,y the beach, the sea, the stars, and good company to entertain our nights? do we need a large and well situated house? or only a small cabin with a sea view?

I think our western culture leads us to live in a rush, with worries adn in search for material things that in most ocasions we don’t need. Making us sometime forget to simply be happy and at ease. The invitation is not to leave everything behind and go live at the beach, but to realize that we have to dedicate more time to pursue happiness, share with our loved ones and to think less about the material things.

“as the traveler who has once been from home is wiser than he who has never left his own doorstep,so a knowledge of one other culture should sharpen our ability to scrutinize more steadily, to appreciate more lovingly , our own.” Margaret Mead

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Una de las preguntas que me parece más difícil de responder es aquella que siempre me hacen después de un viaje: cuál fue el lugar que más te gusto?  Digo que es difícil porque cada lugar tiene su encanto, cada lugar me brinda una experiencia distinta y me gusta de una manera diferente. Esto fue precisamente lo que sentí cuando Carolina me invito a escribir esta entrada en su blog. Habían sido tantos los momentos y las experiencias vividas en el sudeste asiático que solo pensaba en cuál de todas ellas sería el que iba a escoger para  contarles acá.

Tuve que volver a Medellín y sentarme a ver fotos para poder decidir. Después de mucho meditarlo escogí un lugar muy desconocido, o por lo menos que era muy desconocido para mi, el cual visité pocos días antes de volver, una isla llamada Gili Trawangan.

Gili Trawangan es una de las tres islas Gili (las otras dos se llaman Gili Air y Gili  Meno),  situadas en la costa norte de la isla de Lombok  y a una hora y media en lancha rápida desde la bahía de Padang Bai en Bali. Gili Trawangan es la más grande de las tres, claro que grande no es precisamente una palabra que usaría para describir esta isla paradisiaca, ya que no supera los tres kilómetros de ancho y dos de largo.

Termine en esta pequeña isla de Indonesia sin planearlo ya que andaba viajando con unas brasileras que nos recomendaron pasar una noche allí. Sin muchas expectativas y tal vez guiado más por ese sentimiento de viajero que me ha enseñado que de los días menos planeados salen las mejores historias, decidí viajar al paraíso.

Digo que es el paraíso porque desde que me baje del barco pude ver una de las playas más bonitas que he visto en mi vida, es agua cristalina de color turquesa con playas de arenas blanca que solo invitan a sentarse el día entero a disfrutar del sol acompañado de unas buenas cervezas. Además, desde que se toca la arena se siente un ambiente distinto, más relajado, podría decir que hasta bohemio ya que esta isla no tiene ningún tipo de vehículo motorizado. Solo se ven bicicletas y unas carrozas guiadas por burros que te llevan las maletas a cualquier parte de la isla por solo 5 dólares. Aquí no importa que lleves puesto, puedes estar el día entero sin zapatos y sin camisa, ya que la gran mayoría de las personas son mochileros de muchas partes del mundo que nunca se fijarían en eso.

Esta isla se ha vuelto famosa por dos principales razones.

La primera es su vida nocturna, la cual pude experimentar en una de las fiestas más bizarras a las que he ido. La noche que estuve en la isla comenzaba el ramadán, el ayuno durante un mes de los seguidores del islam, por lo cual se le pide  a los turistas no hacer ruido y tratar de reducir el consumo de alcohol. Como era mi única noche decidí salir a caminar por la calle principal que está llena de bares y restaurantes, durante el recorrido nos encontramos con una fiesta silenciosa. Si, por más loco que suene era una fiesta en silencio. Bueno no totalmente. El pub irlandés al que fuimos, ubicado en la orilla de la playa, nos entrego unos audífonos a cada uno de nosotros  al entrar, estos audífonos reproducían la misma música para toda la gente. Al comienzo nadie bailaba, pero después con un poco mas de alcohol en la sangre la fiesta comenzó, solo que era un poco gracioso quitarse los audífonos y escuchar solo la gente cantando y bailando al son del silencio.

La segunda razón por lo cual esta isla es conocida es tal vez la que me enseñó una de las lecciones más importantes en este viaje. Las islas Gili son famosas también porque muchos de sus visitantes se quedan por un tiempo indefinido en la isla, dejando atrás sus vidas occidentales llenas de afanes y preocupaciones. Fui testigo de esto en un restaurante que visite. La administradora del restaurante claramente no era nativa de la isla, ni de ninguna región de Indonesia, ya que era de piel muy blanca y ojos claros. No pude con la intriga y decidí preguntarle de donde era y preguntarle cómo había terminado en Gili Trawangan. Me dijo que era de Suiza y que hace dos años trabajaba administrado ese restaurante con vista al mar, pero que hace seis años y medio había llegado como una turista más. La isla le había robado la respiración y le había hecho olvidar todo lo que tenía en Europa, por eso decidió quedarse y me dijo que estaba viviendo los mejores años de su vida.

Esta experiencia me dejo con muchas preguntas y una gran lección. Sera que necesitamos un carro para ser felices? O tan solo una bicicleta para darle la vuelta a la isla y ver el atardecer? Necesitamos un televisor pantalla plana, una tablet y un smartphone? O tan solo la playa, el mar, las estrellas y una buena compañia para entretener nuestras noches? Necesitamos una casa espaciosa y bien ubicada? O solo una pequeña cabaña con vista al mar?

Creo que nuestra cultura occidental nos lleva a vivir con afanes, preocupaciones y en busca de cosas materiales que en la gran mayoría de las ocasiones no necesitamos, haciendo que muchas veces nos olvidemos de simplemente ser felices y vivir tranquilos. La invitación no es a dejar todo tirado e irse a vivir a una playa, solo a darnos cuenta que tenemos que dedicar más tiempo a buscar la felicidad, a compartir con los nuestros y a darle menos importancia a lo material.

“as the traveler who has once been from home is wiser than he who has never left his own doorstep,so a knowledge of one other culture should sharpen our ability to scrutinize more steadily, to appreciate more lovingly , our own.” Margaret Mead

 

 

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